
Los hago eco de una duda existencial que se me presentó hace un par de días. La cuestión es la siguiente: suele decirse que la utilidad de la tarea de aquellos que hacen ciencia en humanidades radica en la capacidad para movilizar a otros con nuevas ideas y diferentes perspectivas de problemas de la humanidad. Las humanidades actuarían sobre los seres humanos, de modo que, la tarea de un "humanista" sería indispensable para la humanidad, para su progreso y conservación de sus mejores valores.Ahora bien, ¿y si eso no fuera así? ¿Hasta qué punto los actores de la historia responden al "dramaturgo" teórico? ¿Y si todo fuera en vano? Que hablemos de multiculturalismo, de derechos humanos, de diversidad no evita que la gente siga matando por diferencias ínfimas o por intereses mezquinos. Hay maravillosas teorías éticas pero que no movilizan ni siquiera a sus propios autores.
Es verdad que uno necesita una idea para guiar su accionar pero a fin de cuentas lo que vale es la acción. Intento convencerme de que este razonamiento es errado, ahora me dispongo a leer ¿Cómo hacer cosas con palabras?" de J. L. Austin para demostrarme que teorizar no es una inacción vergonzosa en un mundo que necesita acciones.
Por otro lado, a veces veo que la gente que se moviliza no tiene ideas. El otro día mientras presenciaba una clase de Manolo Mingauskas entró un estudiante bastante politizado a hacer un discurso (en la medida de sus posibilidades) en pos de mejores horarios para los estudiantes. Pero ni siquiera sabía los horarios por los que "luchaba".
Creo que se necesita otro Renacimiento para reunir a estas lesbianas que se aman y se odian: Teoría y Práctica. Pareciera que los que saben no hacen y los que hacen no saben. ¿O será que ninguno sabe?
Imagen: "Muchacha con un aro de perla", J. Vermeer, s. XVII

8 rechazos del solipsismo:
Te copio una interesante reflexión de Agustín García Calvo que precisamente se opone a esa, para él perversa, dicotomía entre Teoría y Praxis. Es un poco largo pero creo que vale la pena:
"Sobre la oposición entre hablar y hacer. Domina en nuestro mundo una idea, profundamente arraigada (desde la antítesis griega de ergo “de hecho”, frente a lógo “de palabra”, hasta la teoría política reciente sobre el paso de teoría a praxis), que contrapone el hablar o razonar con el hacer o práctica real.
Al separarlos de ese modo, con ello se justifica y consolida el esquema de relación entre ambos que rige en el comercio y la política habitual, a saber: 1) se habla o razona para llegar a una conclusión, 2) de esa conclusión se deriva un proyecto, programa o plan de acción, 3) se pasa a la práctica y se realiza el plan establecido.
Ya se entiende que, mediante ese esquema, se trata de asegurar que la acción no consista en otra cosa que en hacer lo ya previsto, es decir, hacer lo que ya está hecho; que es justamente lo que conviene para el sustento de las estructuras de política y comercio establecidas y el éxito de sus negocios.
Y se trata, por otro lado, de que al hablar o razonar, como sometido que está a la busca de conclusiones y a la acción futura, apenas podrá el hablar o razonar (salvo por fallo de la máquina) venir a dar en hallazgos, intervenciones ni descubrimientos inesperados.
Ese esquema de la acción también puede describirse más sintéticamente así: que la separación entre el hablar (de la acción) y la acción (de lo previsto) consigue, al poner la acción en el futuro, convertir todo lo que la precede en un tiempo vacío, donde no va a hacerse nada (más que lo que va a hacerse), donde no debe suceder nada (más de lo que está ya sucedido en el futuro).
Y es así como, al mismo tiempo que a la acción se la hace siempre futura (prevista, ideada o planeada por discurso previo), se consigue que el discurso o discusión preparadora de la praxis se vuelva, por así decirlo, aburrido por esencia, privado como está de todo elemento de sorpresa o inesperado: testimonio, reuniones de negocios, los diálogos de políticos (estén en el poder o estén organizándose para la acción futura) o el mismo discurso académico, destinado a hacer saber lo ya sabido.
A la vez que la acción de lo ya hecho crea, por su planteamiento, el tiempo vacío que le conviene, también queda sumido el hablar y razonar en el tiempo vacío así creado y, por su propio aburrimiento, condenado a la inutilidad.
Por ello será tanto más oportuno recordar lo que la consideración desprevenida y el sentido común entiende: que el hablar y el razonar son una acción, y que no se sabe lo que hablar y razonar puedan hacer cuando se libran de su destino a la acción futura; pero ciertamente, lo que hablar y razonar puedan hacer, si pueden algo, lo podrán precisamente en cuanto no estén condenadas a llegar a conclusiones, a sostener ideas y a elaborar planes para la acción futura".
Un saludo
La humanidad es neurótica, creo yo.
No sé. Asumir los propios monstruos es muy difícil. Y al asumirlos ¿cómo no caer en la desesperación de lo monstruosos que somos?
No sabemos qué nos duele.
No sé. Nos duele estar fragmentados de la manera en que lo estamos. No hay nada más terrible para el esquizofrénico que descubrir su esquizofrenia. Descubrir que todos los actos que llevamos acabo, que se justifican sólo por su fin, son actos que carecen de causa final, es contemplar a una vez y juntamente que nuestro sistema se autodestruye.
Y bueno, en realidad no estoy diciendo nada distinto a la cita que ha puesto Antígona... sólo lo dije de modo totalmente viceral y sin la claridad de García Calvo... salvo la conclusión de que la dicotomía no es perversa: descubrir que no hay tal dicotomía es lo monstruoso de nuestra propia condición...
una neurótica y angustiada esponjita aristotélica
PD: la chica bipolar es la esponjita... pero que olvidó cambiar la cuenta y la contraseña...
qué pasa? me he vuelto anciano? he adquirido la sabiduría? una pe se ha antepuesto a mi nombre convirtiéndome en lo que no quería ser?
Cuando hablás de las lesbianas, ya estás hablando de dos tipas diferentes. Yo no soy el que provoca guerras, yo no soy el que provocó esta crisis. Mi vecino, pared con pared, habla en catalán y le parece que ese idioma debería dominar al mundo. Sin embargo, a los dos nos gusta la música clásica, el cine de Bergman y la tortilla de patatas.
Somos muchos, demasiados. Prácticos, teóricos o teórico-prácticos, son muchos los segundos en que no coincidimos con los otros, millones de tippos que también dudan -con suerte-, se hacen preguntas -ojalá- y se equivocan como conejos ciegos.
Por mas que decidieras que el mejor presidente del mundo sería George Steiner e hicieras una campaña para promoverlo, no creo que sacara votos suficientes.
Tampoco Zapatero, mal que le pese y dios nos ampare.
Serà que el saber està en crisis ? Serà que el saber se teorizò ?
Serà que la idea se fue alto, tan alto que la idea es el cielo ?
No puedo evitar mirar esto pues... como lo miro, como un problema económico y estratégico. Me explico; dada una buena idea beneficiosa para todos como "nunca mentir", podríamos tener una sociedad mejor (en donde el siguiente paso sería fomentar la comprensión que evitar los infartos por la falta de mentiras). Mas, en un mundo en donde nadie dice sino la verdad, bastaría con que un solo individuo mintiese para que obtuviera una gran ventaja, de este modo, tendrá más éxito que el resto, conseguirá más (sobre todo si miente a personas que no volverán a verlo). Con el tiempo, su estrategia será copiada por otros individuos y bueno, la cosa es que la praxis de las teorías teoricamente perfectas no sirve por que lo que se presenta son siempre sistemas evolutivamente inestables (que son inestables por no estar lo suficientemente cerca a la realidad).
En el plano individual, sabemos que si cuidamos nuestra dieta y nuestras horas de sueño lo suficiente, viviremos más, pero eso no nos basta, pues el costo de cambiar nuestra actitud actual es mayor que el beneficio de la nueva actitud (perder pequeños placeres vs...).
Resumiendo:
Los que hacen sin saber, también están sujetos a la ley de causa y efecto, por tanto también tienen causa en sus actos aunque no sepan expresarla.
Los que saben y no hacen, son víctimas de sistemas ineficientes como los que expuse arriba.
En verdad que no veo la contradicción. Incluso quien "hace" actúa sobre la base de alguna idea. Me temo que en ocasiones quedamos presos de cierta teleología (¿occidental?) que nos presenta como improductiva la acción teórica. Pues bien, ni los generales lo son a tiempo completo.
Fuera de esto, últimamente (por poner un tiempo, que puede llevar casi una década) he tomado algunas decisiones. Llamémosles, renunciamientos. He renunciado a seguir haciéndome ciertas preguntas. Por salud mental o porque quiero que la comida (todas las comidas) me caigan bien.
Todo esto para responder/me la pregunta de qué hay si somos todos actores del dramaturgo teórico. Es más que posible: todos somos hijos de una idea precedente. Pero yo he resuelto cerrar los ojos en algunas ocasiones; suspender el razonamiento; ocultarme tramposamente ciertas preguntas. Como decía mi madre: mejor que no me entere con quién ando metiéndome.
Siempre saludables sus discusiones, che.
Me ha encantado el blog. Encontrar un buen blog de Filosofía no es fácil. Además me ha encantado este post. Hace poco también escribí sobre Austin y cómo hacer cosas con palabras, y la necesidad de un nuevo Renacimiento.
¡A ver qué hacemos! Un saludo!
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