jueves, julio 02, 2009

Michael Jackson y Poncio Pilato se saludan de lejos


Hace unos cuantos días que no me pongo a pensar en la ducha, entre las pesadillas oníricas y las pesadillas cotidianas no me ha quedado mucho espacio. Tenía ganas de ofrecerles algo mucho mejor pero no logro dejar de pensar, culpa de los medios, en los dos personajes del título.

El primero, nunca me cayó bien. Recuerdo lo ridículo que parecía cuando andaba con barbijo por EE UU y ahora veo a mis conciudadanos con esas mascarillas, con su paranoia a cuestas. Entro a un negocio y escucho ancianas sobresaltadas por la carencia de barbijos, gente que atiende con ellos, facultades cerradas, títulos trabados, padres que no saben que harán con sus hijos en estas vacaciones pero que prudentemente ya tienen un barbijo de Barney y otro de Winnie Pooh. El otro, el romano, me carcome la cabeza. Está en Karmadre que cual pitonisa higiénica repite: "lavate las manos, vos lavate las manos, sobre todo lavate las manos". Las campañas de salud dicen, tápese cuando estornuda, evite salir de su casa y obviamente ¡LÁVESE LAS MANOS!

Prevén 400 muertes para mi ciudad. No sé si esto es así, no sé si es realmente un negocio de los grandes laboratorios como anuncian extraoficialmente, no sé si es paranoia pero sí sé que estoy cansado de estos dos personajes. "Cof, cof". espero sepan entender, me tengo que ir a lavar las manos.

2 rechazos del solipsismo:

vfedor dijo...

angustia tanta peste.
pero angustia más, en este marco de tanta distorsión.

a medida que el tiempo pasa, la calle se vuelve más gris.
quizás sea una cuestión de estación, hasta que alguna otra pavada nos haga olvidar de este infierno

Walter Leonardo Doti - (Gurkha intelectual) dijo...

Sobre Michael Jackson:

Lo puse en facebook, lo vuelvo a poner aquí. Un amigo dijo - creo yo que poniéndole palabras muy justas a una sensación muy difícil de transmitir a quienes no vivieron con deslumbramiento juvenil la década del ´80 - que enterarse de la muerte de Michael Jackson era como creer que se muriera el ratón Mickey.

Michael es mucho más que un tipo de hábitos extraños. Es un ícono de una época, es la encarnación de un momento del mundo y, muy por encima de todo esto, es el cuerpo en el que se concretaron una serie de ambiciones humanas que en los demás son limitadas por falta de dinero, de poder, de personalidad o de atrevimiento.
Todos querríamos ser algo distinto de lo que somos: Michael cambió su rostro. Todos querríamos trascender nuestros condicionamientos biológicos: Michael decidió dejar de ser negro. Nadie desearía envejecer: Michael decidió ser un niño eterno. Todos buscamos ser el centro del mundo: Michael lo fue.

De algún modo, ese producto concretado en una huidiza figura que a algunos les resulta monstruosa, no es más que el diseño personalizado y autónomo de un sujeto que se forjó a sí mismo; que debe su ser no a las relaciones de poder más o menos premeditadas de un cierto contexto histórico, sino a su casi completa voluntad. Por eso Michael no parece normal: porque no está normalizado, porque siempre respondió a sus propias reglas, porque el ensamble de sus partes fue dirigido desde sí hacia los otros y no desde los otros hacia sí.

Es el hombre que pudo, venciendo las limitaciones fácticas, saltar más allá de su propia sombra. Michael no es, entonces, un hombre.

Y su manantial - parece - cuenta con más agua de lo que podría ser imaginable. Nadie querría morir: Michael también ha vencido a la muerte.

Michael no murió


Beat it!