
Esta historia está basada en un hecho real, por esta razón todos los nombres de las personas e instituciones de la misma han sido cambiados por otros elegidos aleatoriamente. Cualquier coincidencia con la realidad corre por parte vuestra.
Luciano vive en Marargento. Siempre soñó con ir a Europa. Un día se decidió y marchó con ese rumbo, dejándole a Karmadre un único encargo: paga mis cuentas, no te pido dinero, sólo usa el mío con esta tarjeta del banco Franchute. Contento Luciano se marchó hacia un mundo de nuevas experiencias maravillosas.
Pasado el mes, Karmadre en un intento de pagar las cuestas se equivoca, con terquedad habría que decir porque tres veces ya no es equivocarse sino peligrosa reincidencia, y la tarjeta queda bloqueada. Por lo cual, si Luciano quiere que alguien pague sus cuentas tiene dos opciones, o se acerca a la sucursal del banco Franchute (o sea vuela unos 14.000 km a un costo de 1100 euros) o envía un fax con su firma autorizando a Karmadre a cambiar la clave. La decisión no era difícil, y el trámite tampoco lo parecía. Pero el Hado es tan pícaro que le encanta hacer imposible aquello que se excede de simple.
Luciano sin mucha dificultad encontró un lugar donde imprimir y enviar la carta por fax y fue con sus tres hermosos números a enviarlo. El primero responde un contestador automático. Enhorabuena, hay tres números, vamos con el segundo! Hay tono, hay tono! El italiano le pasa el aparato a Luciano y este dice:
- Sí, Banco Franchute? Por favor, te hablo de Italia me darías señal de fax?
- Me tienen las bolas llenas, esto no es ningún banco... tu.. tu... tuuuuuuuuuuuu...
Luciano chequea la tarjeta del banco que le dieron a Karmadre hace un día y efectivamente era ese el número. Pero, vamos un error lo comete cualquiera. Vamos con el tercero. No atiende nadie. Esperemos un poco. Diez minutos. Nadie.
Luciano intenta pagar e ir a buscar otros números para volver a llamar al otro día pero como en la tienda no tienen cambio le dicen que pague en otro momento, son tan solo un euro y medio. Muy agradecido se va al hotel y chequea en internet dos números nuevos. Y regresa contento al local.
Estos sí son los buenos. El pequeño local está repleto, pero ya puede esperar, ya tiene el número bueno. Más rápido de lo que pudo imaginarse llega su turno. Llama, y nada. Bueno, vamos con el segundo que a esta altura ya es el quinto:
- Sí, por favor, te llamo de Italia necesito enviar un fax a Laura Cohen.
- Acá no vive ninguna Laura Cohen, llamás por el banco Franchute?
- Sí, qué no es el banco?
- No, me vuelven loca - en tono de resignación sin agresividad como el segundo.
- No tenés ni idea del número?
- No, pero me puedo fijar en la guía... a ver dónde está la guía... ufff...
- Gracias, no te preocupes y disculpá.
Un poco enojado, pero aún estable Luciano llama a Karmadre pidiéndole si no puede llamar al banco desde Marargento y corroborar que sea el número. Ella muy rápido le envía dos números más. Nada. Nada de nuevo. Fin de la paz.
Luciano quiere patear tachos de basura, ahorcar a alguien, mira el celular y se regodea pensando de hacerlo estallar contra los adoquines. Quiere romper, matar... Odia a todo y a todos. Escribe en el celular un insulto en el cual no quedan exento ni los Teletubbies. Luego, se intenta calmar. Mira una capilla, acude a la fe, reza, pero se da cuenta que reza con odio y eso no es bueno. Estruja las manos y mira de nuevo a la gente, busca algún neonazi que lo mire feo, alguien que quiera pelear. Pero nada, ya no está en el Este.
Llama con menos cortesía a Karmadre y le pide ayuda. Ya a esta altura ha superado su síndrome de Tourette, pero no le queda paciencia para simular buenos modales. Karmadre promete soluciones que no llegan. Luciano vuelve a llamar y sabe que cada llamada son dos dólares pero el local está por cerrar, los italianos se ríen y hablan de los bonos de los bancos silverinos, ahora entienden el porqué.
Karmadre decide ir personalmente al banco porque no encuentra otro medio de comunicarse con la sucursal. Ni bien llega envía un nuevo número vía mensaje de texto. Aleluya, como en la película Momo el tiempo se detiene y Luciano le da el número al italiano... NADA
El lugar es muy pequeño, Luciano advierte que su ira ya no entra en el local. Karmadre, parate al
lado de un empleado y decile que me dé la puta señal de mierda y la reconcha de la lora. OK, ahí vuelvo a entrar replica ella. Llega un nuevo número. Tono, ATIENDEN!
- Sí, dame un minuto ahí te derivo al fax, porque este teléfono no tiene fax.
- Gracias, es la octava llamada.
- [Música de mierda] ... tu... tu.... tuuuuuu.
Luciano ya a esta altura ha muerto y resucitado varias veces. Su piel está electrificada. La furia ya no es furia es tanta que ya es una no furia. Nueve números, un banco, uno de los más importantes del país y no puede recibir un sencillo fax! Llama a Karmadre y ella le dice que por favor intente de nuevo. A esta altura los italianos se quieren ir a su casa. Otra oportunidad resuena en la cabeza de Luciano. La última.
Lo atiende nuevo la empleada. Está ofendida porque llaman de nuevo, ella ha dado señal. Sólo que la señal jamás llegó. Se repite el proceso... piiiiiii... INVIO
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Madonna santa! - Exclama la italiana del local -
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L'Odisea è finita...
TELÓN